Hay bandas que eligen un nombre por accidente y bandas que lo eligen como declaración de principios. Los Tetas son de las segundas: desde 1994, cuando el proyecto chileno dejó atrás su nombre original, Funkstein, para quedarse con algo mucho más directo, la banda decidió que el doble sentido no iba a ser un chiste ocasional, sino el idioma completo en el que se mueven.
“El nombre partió siendo un dicho antiguo de la gente más vieja de Chile, algo que significa que está chido”, cuenta C-Funk (Cristián Moraga), guitarrista y fundador, en entrevista con Tijuana Eventos previo a su show en el Black Box. Pero la palabra, admite, también apuntaba a otra cosa desde el día uno: “Las tetas siempre han sido chidas y siempre ha sido algo que inspira a la gente, a todos los mamíferos, a partir de las mamas.”
Ahí está el primer juego: un nombre que significa una cosa y significa la otra, al mismo tiempo, sin que ninguna de las dos lecturas cancele a la otra. “Jugaba en contra en un principio, porque era muy molestoso para los medios, para las televisiones, decir teta en algún medio público, que era justamente lo que nosotros queríamos lograr: que se ruborizaran”, agrega Rulo (David Eidelstein), bajista y la otra mitad del proyecto actual. Treinta años después, con menos medios que se ruboricen y más plataformas que reproducen cualquier cosa, el chiste sigue funcionando, solo que ahora se ríen con ellos y no de ellos.
El funk como pretexto para tocarse
Si el nombre es la puerta, el repertorio es la habitación completa. “El funk viene de la sensualidad, del erotismo y del baile, y de todo ese tipo de placeres del cuerpo”, explica Rulo sobre por qué las canciones de Los Tetas suenan como suenan: no como una excepción sensual dentro de un catálogo más serio, sino como una banda que decidió que el groove y el deseo son, básicamente, la misma cosa moviéndose a distinto tempo.
Esa lógica se nota en el repertorio del show, que la banda adelantó en una sesión reciente para Casa Parlante. Ahí conviven canciones con distintos niveles de insinuación: “Corazón de Sandía” juega del lado de la metáfora, del sabor y del atardecer, mientras “Papi Dónde Está El Funk” abandona cualquier disimulo y va directo al cuerpo, con una dedicatoria hablada hacia el público que combina picardía con un mensaje de cuidado explícito sobre sexo seguro. Entre una y otra hay una escalada deliberada: Los Tetas no llegan al punto explícito por accidente, construyen el camino hasta ahí.
Ese mismo espíritu sigue vivo en el material nuevo. Con canciones grabadas en México, el regreso discográfico de la banda no bajó la temperatura, apenas cambió el acento.
Un regreso que también coquetea con el tiempo
Los Tetas no se presentaban en México desde hace “como 12 años más o menos”, según calcula el propio Rulo, y Tijuana cierra su primera gira de regreso al país. La ciudad no fue elegida al azar: la banda ha tocado aquí, según cuenta C-Funk, unas 10 veces antes, y cerrar la gira cruzando todo México hasta la frontera fue, en sus palabras, una forma de “poner todo México” en el mapa de esta vuelta.
Después de casi tres décadas, Los Tetas siguen operando bajo la misma premisa: si el nombre incomoda un poco, mejor, porque la canción que sigue va a incomodar más, y ahí es exactamente donde quieren tenerte.
Los Tetas se presentan este viernes 14 de agosto en el Black Box de Tijuana, con boletos y horarios disponibles en Tijuana Eventos.












